En un escenario de creciente tensión, las fuerzas ucranias enfrentan un colapso en Kursk tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. y la consiguiente suspensión del apoyo armamentístico e informático por parte de Washington. Inicialmente, en agosto de 2024, las tropas ucranias habían logrado una incursión exitosa en la provincia rusa, capturando un considerable territorio, pero desde marzo de 2025, han perdido más del 60% de su control en los últimos días debido a la falta de recursos y el sorpresivo avance de las fuerzas rusas, apoyadas por efectivos norcoreanos. Con la moral mermada, los mandos ucranios intentan evacuar a miles de tropas ante el riesgo de quedar rodeadas, mientras la comunicación con la retaguardia en Sumi se encuentra cortada. El alto mando ucranio sostiene que la situación es delicada pero no desesperada, aunque el déficit de inteligencia satelital y el despliegue de las mejores tropas rusas en Kursk complican las operaciones. Entretanto, el resentimiento contra la política de Zelenski crece, y los soldados en el frente ven la intervención estadounidense como vital para detener la ofensiva rusa, que ha sorprendido por su precisión y rapidez.
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