La reciente sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que declara ilegales ciertos gravámenes, ha desviado la atención del presidente hacia el uso de sanciones, una herramienta que tradicionalmente ha reservado para naciones consideradas enemigas, como Irán, Cuba, o Corea del Norte. Este giro en la política podría indicar un cambio significativo en la estrategia del Ejecutivo respecto a su política fiscal y económica, generando un debate sobre sus implicaciones internas y externas.
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