Entre el 19 de enero y el 2 de marzo se desarrolla un alto el fuego de seis semanas entre Israel y Hamás, resultado de arduas negociaciones mediadas por Qatar y Egipto, presionadas por un ultimátum de Donald Trump. A pesar del comienzo del pacto, persisten las dudas sobre su viabilidad más allá de esta primera fase, que implica la liberación de rehenes a cambio de presos palestinos. El escepticismo se debe a la complejidad de las etapas siguientes, la ambigüedad del acuerdo y la falta de confianza mutua entre las partes. La postura de Israel, que planea seguir presionando a Hamás, y el interés de Trump por adjudicarse el fin del conflicto sin comprometerse con una paz duradera, incrementan la preocupación de que el acuerdo no prospere. Además, las tensiones internas en el gobierno israelí y la presión externa de Estados Unidos podrían conducir al fracaso del proceso antes de que se alcance una solución definitiva.
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