La República Islámica de Irán atraviesa su mayor crisis en 46 años, con protestas masivas desde diciembre que desafían al régimen, pero carecen de un liderazgo unificado. La oposición es diversa y fragmentada, con actores como Reza Pahlavi, quien, aunque popular entre ciertos sectores urbanos y en el exilio, no logra cohesionar a toda la disidencia. El MEK y su líder Maryam Rajavi representan un ala organizada pero polarizante, mientras movimientos cívicos pro-democracia carecen de coordinación efectiva. La campaña «Mujer, Vida, Libertad» conecta demandas civiles y libertades personales, pero enfrenta restricciones bajo represión estatal. Pese al resentimiento social hacia el régimen y elementos activos en el exterior, la falta de un mando interno y una arquitectura política sólida impiden una transición decidida hacia un nuevo sistema de gobierno en Irán. La comunidad internacional y figuras opositoras observan, sin un consenso claro sobre un sucesor al actual régimen de los ayatolás.
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