Barcelona vive el Carnaval como una festividad arraigada en la vida de los barrios, con el entierro de la sardina como uno de los momentos más significativos. Esta tradición, que marca el fin del desenfreno y da inicio a la Cuaresma, se celebra de manera diversa en cada distrito, adaptándose a las identidades locales. En barrios como Sants, Gràcia, Ciutat Vella y Sant Andreu, el ritual se convierte en un evento comunitario lleno de sátira y creatividad, con desfiles mortuorios, escenificaciones teatrales y actividades familiares. Este mosaico de celebraciones no solo refuerza la cohesión social, sino que también refleja la riqueza cultural de la ciudad, evidenciando que el Carnaval pertenece tanto a los grandes actos como a la participación a pie de calle, reafirmando así su carácter popular.
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