En enero de 2026, Aragón enfrenta una crisis de recursos hídricos sin precedentes, con niveles de agua en embalses alarmantemente bajos debido a la falta de lluvias. Esto ha provocado restricciones en el uso de agua en diversas localidades, impactando tanto al consumo humano como a la agricultura local. Las autoridades están multiplicando esfuerzos para mitigar el impacto mediante la implementación de medidas de control y la concienciación sobre el uso responsable del recurso, mientras que varios sectores económicos advierten sobre las posibles consecuencias a largo plazo si la situación persiste.
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