Las manifestaciones se han intensificado en varias ciudades de Pakistán, incluyendo Islamabad, Lahore y Peshawar, en respuesta a tensiones políticas y sociales. Mientras tanto, el Gobierno ha instado a la población a mantener la calma y ha desplegado medidas adicionales de seguridad para controlar la situación. La escalada de protestas pone en evidencia el creciente descontento entre la población y plantea un desafío significativo para las autoridades, que tratan de evitar que la situación se desborde.
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