Irán enfrenta una nueva ola de protestas por el colapso de su moneda y el aumento del costo de vida, reviviendo tensiones sociales desde el levantamiento de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini. En solo cinco días, las manifestaciones se han extendido a 17 de las 31 provincias, dejando al menos siete muertos y numerosos heridos y detenidos. Aunque comenzó como una crisis económica, el malestar se ha transformado en un desafío político al régimen, con consignas contra el líder supremo y el sistema teocrático. A pesar de los intentos del gobierno de combinar diálogo y represión, la situación es volátil, agravada por la posibilidad de intervención internacional, ya que el presidente estadounidense Donald Trump amenaza con actuar si continúan las represiones. Con un telón de fondo de sanciones económicas y tensiones bélicas, estas manifestaciones reflejan un profundo descontento, poniendo al régimen en una posición crítica.
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