En el horizonte de 2026, la economía digital se enfrenta a desafíos similares a los que antaño encararon las industrias pesadas. En un mundo donde la Inteligencia Artificial (IA) emerge como catalizadora de un crecimiento que choca con limitaciones tangibles, el acceso a megavatios, materiales críticos y capacidad de fabricación avanzada se alza como factores determinantes y complejos. Esta nueva realidad no solo desafía a las empresas, sino también a gobiernos, que ven en el suministro energético y material un cuello de botella que es preciso abordar.
La Global Electronics Association ha destacado un concepto clave para el sector: la diversificación estratégica. En un mundo interconectado, la “desconexión total” de la cadena de suministro resulta impracticable. En cambio, se observa un giro hacia la gestión del riesgo industrial como un juego de ajedrez geopolítico, donde las materias primas y las tecnologías críticas están en el centro del tablero.
El crecimiento de la IA y la computación acelerada ha puesto en primer plano los recursos energéticos necesarios para alimentar a los centros de datos, que ahora forman parte de las discusiones sobre infraestructuras nacionales. La Agencia Internacional de la Energía advierte que el consumo eléctrico de estos centros podría representar un 1,5% del total mundial para 2024, con una tendencia a duplicarse hacia 2030. Esta creciente demanda energética impulsa una serie de movimientos industriales, como la selección de ubicaciones por capacidad eléctrica, la adopción de sistemas de refrigeración avanzados y el rediseño de la distribución de potencia en los centros de datos.
Paralelamente, las tierras raras y los minerales críticos, fundamentales para la tecnología y la industria moderna, se han convertido en activos estratégicos. Países de todo el mundo, enfrentándose a una concentración casi monopólica de su procesamiento, principalmente en China, planean abordar su suministro como una cuestión de seguridad nacional.
Asimismo, el «packaging» o empaquetado avanzado de chips deja de ser un detalle menor y se perfila como una batalla industrial. La capacidad limitada para ensamblar sistemas complejos en el ámbito de los semiconductores amenaza con convertirse en un obstáculo para el despliegue de la IA y el cómputo de alto rendimiento.
A medida que nos acercamos a 2026, se vislumbra una transformación organizativa necesaria, donde las prácticas de diseño y aprovisionamiento se integran de manera inseparable. Las empresas deben asegurarse de la disponibilidad multirregional de componentes, prever la sustitución sin rediseños y planificar con una visión que contemple el riesgo geopolítico.
En conclusión, la ventaja competitiva en los próximos años no solo residirá en la innovación rápida, sino también en la capacidad de construir de manera confiable en un contexto de recursos limitados y cadenas de suministro politizadas. La habilidad para gestionar estos desafíos definirá el éxito en 2026 y más allá.








