En las recientes elecciones parlamentarias de Dinamarca, el Partido Socialdemócrata, liderado por la primera ministra Mette Frederiksen, se alzó con la victoria al obtener entre el 19% y el 21% de los votos, según los sondeos a pie de urna. No obstante, este resultado representa un declive respecto a comicios anteriores y obliga a Frederiksen a enfrentar complejas negociaciones para asegurar su continuidad al frente del Gobierno. Tras adelantar las elecciones para consolidar su popularidad después de su firme postura sobre Groenlandia frente a Donald Trump, Frederiksen busca formar una coalición renovada, más allá del tradicional sistema de bloques políticos en Dinamarca. En este contexto, el papel del partido Los Moderados, encabezado por Lars Lokke Rasmussen, podría ser decisivo para definir el nuevo gabinete. La campaña electoral ha estado marcada por debates sobre impuestos al patrimonio, reformas a las pensiones, inmigración y medidas económicas ante el impacto de la guerra en Irán.
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