El presidente de Estados Unidos organizó una reunión con líderes de la derecha latinoamericana en un exclusivo club de golf en Florida. Este evento, cuidadosamente orquestado, excluyó a los mandatarios progresistas de México, Brasil y Colombia, generando reacciones variadas en la región. La convocatoria se centró en temas de cooperación en seguridad y economía, aunque su carácter excluyente ha sido visto como una señal de alineamiento con gobiernos más conservadores, dejando entrever tensiones con las administraciones de corte progresista en América Latina.
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