El reciente desacuerdo entre el primer ministro británico, Keir Starmer, y el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha tensado las relaciones entre ambos países, evocando una escena de confrontación de la película “Love Actually”. Starmer criticó el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, calificándolo de ilegal e ineficaz, lo que causó la irritación de Trump, quien expresó su decepción por la falta de apoyo británico. Este desencuentro refleja una divergencia en las posturas sobre política exterior, especialmente tras la negativa inicial del Reino Unido a utilizar sus bases para la ofensiva, aunque finalmente Starmer permitió su uso con fines defensivos. La situación resalta la postura de Starmer, marcada por su histórico rechazo a intervenciones militares ilegales, y su cautelosa gestión de la relación con Washington.
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