El gobierno liderado por Keir Starmer ha tomado la decisión de prohibir a Estados Unidos el uso de las bases militares ubicadas en Diego Garcia y Fairford. La medida ha generado una reacción notable por parte del mandatario estadounidense, quien ha expresado su posición sobre esta restricción, destacando las implicaciones para la colaboración militar entre ambos países. Las bases, previamente utilizadas para operaciones conjuntas, representaban un punto estratégico en la cooperación internacional, y su cierre a las fuerzas estadounidenses podría reconfigurar parte de la alianza defensiva occidental.
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