Con una década de bagaje político y una vida ante las cámaras, un político ha aprendido que las mentiras y medias verdades tienen poca relevancia en comparación con la capacidad de capturar la atención pública y acaparar protagonismo. Este enfoque refleja una estrategia donde el impacto mediático prevalece sobre la veracidad de los mensajes, subrayando la importancia de dominar el espacio comunicativo en el escenario político actual.
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