En un drástico giro de los acontecimientos en Siria, las fuerzas del presidente Ahmed al Sharaa han logrado avances significativos en las últimas semanas, tomando control de extensas áreas en el noreste del país controladas por los kurdos. Este movimiento llega mientras Estados Unidos cambia su postura, dejando de respaldar a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) para fortalecer su relación con Damasco. La estrategia estadounidense implica la integración de las FDS en el ejército sirio, cediendo el control de recursos críticos al gobierno central y marcando el fin de una década de autonomía kurda en la región. Este cambio no solo reconfigura el mapa político de Siria sino que también aviva temores sobre el resurgimiento del Estado Islámico, mientras los acuerdos internacionales sobre detenidos quedan en un limbo. La decisión ha generado críticas sobre la posición de Washington en el conflicto, poniendo en riesgo la estabilidad regional y dejando a la comunidad kurda en una posición vulnerable, con llamados a una urgente renegociación para evitar un posible genocidio.
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