Desde su regreso a la Casa Blanca el 20 de enero, Donald Trump ha intensificado la lucha contra la inmigración ilegal, deportando a más de 100,000 inmigrantes ilegales en Estados Unidos. Durante las primeras seis semanas de su administración, se reportaron 27,772 deportaciones, con un promedio diario de 661 expulsiones. En respuesta a sus promesas de campaña, Trump declaró un estado de emergencia en la frontera, desplegó tropas adicionales y cerró el sistema de asilo para quienes cruzan ilegalmente. Además, utilizó la Ley de Enemigos Extranjeros del siglo XVIII para deportar a miembros de pandillas venezolanas a la megaprisión en El Salvador, en una controvertida acción pese a la oposición judicial. Esta firme postura ha resultado en una disminución de cruces ilegales en la frontera con México. Mientras tanto, una operación conjunta con el gobierno salvadoreño llevó a la transferencia de 17 criminales de alto perfil, incluyendo pandilleros de Tren de Aragua y MS-13.
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