En el País Vasco, la Eguzkilore, una flor conocida botánicamente como Carlina acaulis, es más que una simple planta decorativa; es un amuleto cultural y protector. Tradicionalmente utilizada para proteger hogares de seres oscuros y representar la luz que ahuyenta la oscuridad, esta flor se cuelga en las puertas principales como símbolo de buena suerte. La leyenda cuenta que los seres malignos, al confundirla con el sol, se retraen. En la actualidad, la Eguzkilore ha cobrado relevancia en tiendas artesanales, donde su venta se realiza bajo reserva debido a su recolección única en septiembre y su precio elevado, derivado de su escasez y valor cultural. Además, continúa siendo un regalo simbólico en eventos significativos como inauguraciones de hogares o bodas, donde su legado y significado han perdurado a lo largo del tiempo.
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