La Universidad de Columbia, presionada por el gobierno de Donald Trump, ha tomado medidas para modificar sus políticas internas y mantener su financiación federal. Tras amenazas de perder 400 millones de dólares anuales, Columbia implementará restricciones a las manifestaciones en su campus, creará una nueva definición de antisemitismo y revisará programas académicos relacionados con Oriente Próximo. Estos cambios, considerados un precedente peligroso por algunos críticos, reflejan un esfuerzo por cumplir con las demandas federales y evitar impactos negativos en becas y proyectos de investigación. Otras universidades de élite, como Stanford y Harvard, también enfrentan presiones similares. La administración de Trump continúa su cruzada contra lo que percibe como bastiones de progresismo en las instituciones académicas, con la estrategia de cortar la financiación pública a aquellas que no se alineen con sus directrices. La presidenta de Columbia, Katrina Armstrong, defiende los ajustes como una oportunidad para fortalecer la seguridad y el sentido de comunidad en el campus universitario.
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