USTEA denuncia las políticas públicas que continúan despojando a las personas de sus hogares y exige el derecho a una vivienda digna

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USTEA denuncia las políticas públicas que continúan despojando a las personas de sus hogares y exige el derecho a una vivienda digna

El reciente desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que ha perdido su hogar tras siete décadas de residencia, pone de manifiesto la profunda crisis habitacional que atraviesa nuestro país. Este caso no es un fenómeno aislado; es un reflejo de una problemática que afecta a miles de familias trabajadoras, manteniéndolas en una situación de vulnerabilidad e inseguridad.

Desde USTEA, manifestamos nuestra solidaridad con todas las personas que se ven obligadas a dejar su vivienda y denunciamos la continuidad de los desahucios como una realidad palpable y dolorosa. La historia de Maricarmen es representativa del sufrimiento de muchas personas, donde cada desahucio trae consigo la destrucción de proyectos de vida y sueños, en un contexto donde los intereses económicos parecen primar sobre las necesidades humanas básicas.

Es inaceptable que nadie debería verse forzado a abandonar su hogar por no poder hacer frente a alquileres inasequibles. La vivienda no puede ser considerada un mero bien de consumo, sino un derecho fundamental que garantiza la dignidad de las personas. En esta crisis habitacional, son las clases más vulnerables —las mujeres, las personas mayores, los jóvenes, las familias con empleos precarios— quienes sufren con mayor intensidad el impacto del encarecimiento de los alquileres y la falta de un parque público de viviendas adecuado.

Esta crisis no solo tiene repercusiones en el ámbito económico, sino que también se extiende al ámbito social y educativo. La inestabilidad en la vivienda afecta a muchas familias y a su entorno educativo, condicionando el acceso a derechos fundamentales y la igualdad de oportunidades. La incertidumbre sobre la posibilidad de mantener un hogar complica aún más la vida cotidiana de quienes se encuentran en esta situación.

Por ello, desde USTEA reclamamos medidas claras y efectivas para enfrentar esta situación. Exigimos el reconocimiento del derecho a una vivienda digna como prioridad sobre intereses especulativos, así como un incremento del parque público de vivienda en alquiler social. Es crucial implementar medidas urgentes para evitar desahucios sin alternativas dignas y regular los precios del alquiler en las áreas más afectadas para asegurar que la vivienda sea accesible a todas las personas.

Además, es imperativo proteger a colectivos vulnerables, como las personas mayores y aquellas en situación de dependencia, garantizándoles su derecho a permanecer en sus hogares. También abogamos por fortalecer los servicios públicos que son esenciales para asegurar una cohesión y justicia social.

En USTEA defendemos que los derechos sociales son derechos inalienables que no deberían estar supeditados a la capacidad económica de cada individuo. La vivienda, junto con la educación, la sanidad y los servicios sociales, debe ser un pilar fundamental en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.

La defensa de lo público implica la protección de condiciones materiales que permitan a las personas vivir con dignidad. Frente a un modelo que prioriza la especulación y el beneficio privado, exigimos políticas públicas que coloquen la vida y el bienestar de la ciudadanía en el centro de su acción.

Porque sin vivienda digna no hay igualdad. Y sin igualdad, no hay justicia social.

Fuente: USTEA.

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