La contienda electoral en México se intensifica con múltiples cargos en juego, incluidos 17 nuevas gubernaturas y 680 presidencias municipales, mientras las estructuras partidistas se movilizan en un panorama político marcado por divisiones internas. La presidenta Claudia Sheinbaum impulsa una reforma electoral que, sin embargo, evade abordar el creciente involucramiento del crimen organizado en el proceso político, desde la selección de candidatos hasta la manipulación del voto. Las elecciones recientes destacaron por la violencia política, con un aumento del 270% en incidentes y 360% en asesinatos desde 2021. El control del crimen organizado sobre los procesos políticos representa una seria amenaza al Estado de derecho, un elemento que la reforma electoral actual pasa por alto, a pesar de su urgencia crítica.
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