En un giro inesperado dentro del ámbito de la virtualización, VMware ha decidido replantear la base tecnológica de su reconocido software VMware Workstation, adoptando la infraestructura de Kernel-based Virtual Machine (KVM), una solución de código abierto que ha ganado amplia aceptación en el universo Linux. Esta decisión marca una transformación significativa en la estrategia de la empresa, que hasta ahora había manejado su propio sistema de virtualización en paralelo a KVM.
El anuncio llegó esta semana con la publicación de parches para el kernel de Linux por Zack Rusin, ingeniero de Broadcom, la compañía ahora al mando de VMware. Bajo el título «KVM: x86: Cambios menores para soportar invitados de VMware», estos desarrollos buscan optimizar la compatibilidad y el funcionamiento de las máquinas virtuales de VMware sobre la estructura de KVM.
Según la información divulgada, la transición hacia KVM requiere modificaciones puntuales en el kernel de Linux, asegurando que las máquinas virtuales se ejecuten de manera eficiente. El objetivo es permitir que VMware Workstation sobre Linux funcione a partir de KVM, un sistema de virtualización ya arraigado en el núcleo de Linux.
Aunque no se ha especificado un calendario exacto para el cambio, el proceso podría prolongarse hasta 2025 o más allá, una vez que los cambios en el kernel sean completamente integrados por las principales distribuciones de Linux. Este enfoque no solo refleja una mejora para la comunidad de KVM sino que representa una aceptación creciente de soluciones de código abierto en sectores diseñados tradicionalmente para tecnologías propietarias.
Es importante destacar que, a pesar de la integración de KVM para la virtualización de CPU en Linux, VMware seguirá utilizando sus dispositivos virtuales exclusivos para gráficos y otras funciones. VMware ya ha comenzado a adoptar las estructuras de virtualización nativas en sus versiones para macOS y Windows, apuntando hacia una estrategia híbrida que combina lo mejor de cada sistema operativo.
La elección de KVM está impulsada por su sólida capacidad para satisfacer las demandas tecnológicas emergentes, ofreciendo a VMware la posibilidad de aprovechar una tecnología estable y optimizada que se alinea con las mejoras continuas en Linux. Esta estrategia no solo promete optimizar los costos de desarrollo, sino que también fortalece la flexibilidad del software en entornos Linux.
El paso de VMware hacia KVM subraya un cambio hacia el código abierto en una industria que históricamente ha favorecido soluciones propietarias. Al colaborar con la comunidad de desarrolladores de KVM, VMware puede contribuir al avance de la virtualización en Linux, abriendo la puerta a nuevas oportunidades de interoperabilidad y desarrollo de características innovadoras.
En resumen, el traslado de VMware a KVM representa un hito en el mundo de la virtualización y podría redefinir el uso de estas tecnologías en el ámbito corporativo. Con el respaldo de KVM, VMware Workstation se perfila para ofrecer una integración más eficaz en Linux, sin sacrificar la identidad y las características que lo han convertido en un líder de la industria. Este cambio no solo beneficia a VMware sino también a la comunidad de código abierto, reafirmando el estatus de KVM como una opción destacada en el ámbito de la virtualización.