El partido liderado por Santiago Abascal atraviesa una paradoja intrigante: mientras alcanza su mejor momento en términos de respaldo electoral, internamente enfrenta un creciente número de denuncias y cuestionamientos. A pesar del éxito en las urnas y el fortalecimiento de su base política, las acusaciones sobre las dinámicas internas y posibles irregularidades dentro del partido se multiplican, planteando serios retos para su liderazgo y cohesión interna. Esta dualidad entre éxito externo y tumulto interno genera un complejo escenario que desafía la estabilidad futura del partido.
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