Una reciente investigación realizada por la marca Sojasun, perteneciente al Grupo Olga Iberia, ha revelado un fenómeno en constante evolución: la creciente influencia de los discursos sobre la masculinidad en esferas más allá de los tradicionales debates de género. Temas como la alimentación, el deporte y los hábitos de consumo están siendo reconfigurados por nuevas interpretaciones de lo que significa ser hombre en la sociedad contemporánea.
La «manosfera», históricamente centrada en las relaciones personales y las dinámicas de género, ha ampliado su radio de acción según el estudio de Sojasun, alcanzando ámbitos aparentemente menos polémicos como la manera de comer o de practicar ejercicio. Este giro ha transformado lo que era un debate sobre comportamientos masculinos en una amplia propuesta que establece cómo debería vivir un hombre cada aspecto de su vida.
En España, los contenidos asociados con la manosfera hacen un fuerte hincapié en conceptos de masculinidad tradicional, como el «hombre alfa», la fortaleza física y la autosuficiencia. A partir de esta narrativa, emergen enfoques sobre nutrición, rendimiento deportivo, suplementación e imagen corporal. Guillermo García Davila, Country Manager de Olga Iberia, afirma que estas conversaciones ahora intentan influir en las decisiones de consumo, dotando a las prácticas cotidianas de un simbolismo vinculado con la identidad masculina.
Un fenómeno destacado es la monetización de un ideal particular de masculinidad, donde se comercializan cursos de desarrollo personal y programas para alcanzar ese estatus de «hombre alfa». Estos no solo venden productos, sino que también promueven una interpretación específica de la masculinidad.
La alimentación es uno de los sectores más afectados por estas ideologías. Algunos alimentos son promocionados o estigmatizados en función de cómo se asocian a estereotipos masculinos. La soja, específicamente, ha sido objeto de mitos que injustamente la vinculan con una pérdida de masculinidad, a pesar de ser considerada una rica fuente de proteínas.
Estas asociaciones han fomentado términos peyorativos como «soy boy» o «sojas», utilizados para denotar debilidad o sensibilidad, desafiando los cánones tradicionales de masculinidad. Esto evidencia cómo los prejuicios culturales pueden influir en decisiones que deberían regirse por un fundamento informativo.
El estudio de Sojasun subraya también la función de las redes sociales en la propagación de la manosfera, empleando plataformas digitales para promover modelos masculinos rígidos y estereotipados. Los jóvenes, en particular, son vulnerables a estas corrientes que tratan de definir sus comportamientos y modos de vida.
Ante esta situación, Sojasun está tomando medidas para abrir un diálogo sobre el impacto de estos prejuicios y está promoviendo acciones de sensibilización. El objetivo es desafiar los estigmas sobre las proteínas vegetales y fomentar una perspectiva más libre e informada sobre la alimentación. Como concluye Guillermo García Davila, cuando un alimento se convierte en símbolo cultural, el debate va más allá de lo nutricional y se convierte en una cuestión de carácter social.




