En un golpe significativo al prestigioso servicio diplomático del Reino Unido, un alto funcionario fue destituido de su cargo en septiembre tras revelarse la profundidad de su relación con el difunto financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein. Esta controvertida amistad ha suscitado interrogantes sobre el juicio y las decisiones del diplomático, quien hasta su destitución ocupaba uno de los puestos más respetados en el ámbito de la diplomacia británica. El escándalo ha generado un intenso escrutinio sobre las conexiones personales de figuras públicas con individuos involucrados en actividades criminales, destacando la necesidad de una mayor transparencia y rendición de cuentas en el servicio público.
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