El funeral del rey Harald de Noruega, fallecido a los 89 años por una endocarditis bacteriana, marcó un emotivo punto de inflexión para la monarquía del país escandinavo. La ceremonia, caracterizada por su solemnidad, incluyó una procesión por Oslo ante la presencia de representantes de múltiples casas reales europeas y el gobierno noruego. La reina Sonia, visiblemente afectada por la pérdida de su esposo, fue el foco de atención al aparecer en el balcón del Palacio Real junto a su familia, recibiendo el cariño de los ciudadanos. Este evento fue testigo de la primera aparición pública del nuevo rey Haakon VIII, junto a la reina Mette-Marit y otros miembros de la familia, simbolizando una nueva era para la monarquía con el lema «Todo por Noruega». El ritual concluyó con las banderas ondeando a máxima altura y cañones marcando el fin de una era mientras la familia real regresaba al palacio, dejando una imagen simbólica que marca el principio de un desafío para los nuevos monarcas.
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