El Trauma Silencioso del Post-COVID: Jordi García Godall Alerta sobre el Modo Supervivencia en la Sociedad Actual

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Silvia Pastor

A medida que la vida cotidiana en el mundo pospandémico se estabiliza, un número creciente de personas enfrenta los persistentes efectos emocionales de la COVID-19. Aunque muchos continúan con sus obligaciones diarias como el trabajo y el cuidado de la familia, estudios recientes señalan un aumento notable en casos de fatiga mental, bloqueo emocional y dificultades en la toma de decisiones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha informado de un incremento del 25% en los casos de ansiedad y depresión desde el inicio de la pandemia, un problema que sigue afectando a la salud mental global.

El psicólogo sanitario Jordi Garcia Godall, experto en trauma y regulación emocional, subraya que muchos de estos individuos operan en un estado de «supervivencia emocional», lo que desafía su aparente normalidad exterior. A medida que aumentan las demandas externas, emergen sentimientos de frustración e incapacidad para adaptarse a una sociedad que exige un alto rendimiento tanto profesional como personal.

Garcia Godall señala que, anteriormente, los pacientes solían buscar terapia para abordar traumas específicos y reconocibles. Sin embargo, el escenario actual es distinto. Hoy en día, muchos presentan síntomas vagos y difíciles de identificar. Estos síntomas latentes, antes reprimidos, han ganado fuerza, provocando un malestar que resulta abrumador en un ambiente social que demanda tanto.

Este fenómeno tiene un peso aún mayor en aquellos con traumas relacionales previos. Desde 2020, los problemas de salud mental han experimentado un aumento sostenido, especialmente en casos de ansiedad, estrés y agotamiento emocional. La presión continua, la pérdida de seres queridos y la incertidumbre generada por la pandemia han afectado la capacidad de muchos para desenvolverse eficazmente en su vida diaria.

Recientemente, se ha observado un creciente «trauma acumulativo», manifestado a través de dificultad para tomar decisiones, mayor sensibilidad al burnout, una constante sensación de alerta, problemas de sueño y una fatiga mental abrumadora. Esta realidad se complica aún más por la normalización del agotamiento y la hiperconexión, donde se premia el rendimiento y se penaliza la fragilidad.

En este contexto, el uso de la técnica EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimiento Ocular) en terapia está cobrando relevancia. Esta modalidad no solo se centra en la verbalización del problema, sino que ayuda a los pacientes a entender cómo su sistema nervioso ha condicionado su respuesta a ciertos estímulos, permitiendo abordar el problema desde su raíz emocional.

Garcia Godall destaca que muchas personas no son conscientes de que su malestar no se debe a un único evento traumático, sino a la acumulación de tensiones emocionales con el tiempo. Así, el enfoque terapéutico actual se dirige a desmontar estas asociaciones emocionales que sostienen patrones de alerta y autoexigencia.

La pandemia no solo ha incrementado los problemas de salud mental, sino que también nos ha dejado con una población aparentemente funcional, pero que enfrenta un desajuste emocional importante. Entender esta realidad es esencial para replantear los enfoques terapéuticos y mejorar la atención a quienes sufren en silencio.

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