En el monte Wingen, en Nueva Gales del Sur, Australia, arde una veta de carbón desde hace alrededor de 6.000 años, conocida como la montaña que arde. Este fenómeno, que figura en el récord Guinness como el fuego más duradero del mundo, se debe a una combustión lenta, sin llamas, que avanza a un metro por año alimentada por oxígeno que entra a través de grietas en el terreno. Investigadores británicos señalan que estos fuegos latentes, como el de Wingen, son de los más grandes y complejos de la Tierra. El fuego, aun sin llamas visibles, produce calor que se manifiesta en el suelo descolorido y el subsuelo caliente, pero apenas es aprovechado. Este caso es un ejemplo del impacto que tienen los incendios de vetas de carbón, que en distintos lugares del mundo emiten significativas cantidades de CO2, lo que subraya su relevancia global en el contexto del cambio climático.
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