La órbita terrestre baja se enfrenta a un creciente desafío debido a la acumulación de satélites y basura espacial, con más de 34.000 objetos ya presentes y la previsión de que al menos 41.000 nuevos dispositivos se lancen entre 2026 y 2034. Compañías como SpaceX, Amazon y empresas chinas lideran este incremento, mientras que el futuro podría llevar el número total de satélites a unos 1,5 millones, según expertos del sector. Se estima que cerca de dos tercios del aumento estarán vinculados a estas corporaciones, y las preocupaciones sobre colisiones y los daños causados por fragmentos pequeños son cada vez mayores. Estrategias como el uso de escudos Whipple y técnicas de pasivación buscan mitigar el impacto de estos residuos, pero la amenaza de colisiones accidentales sigue latente. Los riesgos se amplifican con la posibilidad de que la órbita geoestacionaria se convierta en un «campo de minas», lo que subraya la necesidad de reforzar los sistemas de vigilancia y control en el espacio.
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