El envejecimiento activo se está consolidando como un tema clave en las agendas de salud pública y bienestar social. A medida que la población mundial envejece, la promoción de un envejecimiento que enfatice la salud, la participación social y la seguridad se vuelve cada vez más crucial para mejorar la calidad de vida de los mayores. En España, el Ministerio de Sanidad ha definido claramente este concepto, subrayando su importancia en las campañas institucionales diseñadas para apoyar a la creciente población de personas mayores de 65 años.
La significativa diferencia demográfica, evidenciada por los recientes datos del Instituto Nacional de Estadística que revelan una proporción de 142 personas mayores frente a 100 menores de 16, refuerza la necesidad de abordar el envejecimiento como una oportunidad de crecimiento y contribución, más que como una etapa de declive. Desde las residencias gestionadas por emeis, se desafían los estereotipos tradicionales del envejecimiento. La filosofía de estas instituciones se centra en redefinir la vejez como una fase activa, llena de posibilidades para la participación y el desarrollo personal.
El envejecimiento activo, como lo promueve también la ONU, aboga por integrar a los mayores en todos los ámbitos de la vida social, económica y cívica. Este enfoque se traduce en prácticas diarias en las residencias, donde la salud física y mental de los residentes es una prioridad. La oferta incluye planes personalizados de ejercicio y nutrición, con un enfoque en dietas balanceadas y adaptadas a las necesidades individuales.
Más allá del cuidado físico, la dimensión social y cognitiva del envejecimiento se cultiva con actividades como excursiones, eventos y el uso de tecnologías avanzadas, tales como la realidad virtual y la asistencia robótica. Estas actividades, combinadas con la participación activa de los familiares, crean un entorno donde la soledad es activamente combatida y se fomenta el aprendizaje continuo.
Los expertos de Bouco, una de las residencias de emeis, recomiendan varias prácticas para promover un envejecimiento activo: mantener la mente ágil, acudir a chequeos médicos regulares, nutrir las relaciones sociales, establecer rutinas diarias, adaptar el hogar a las necesidades cambiantes y buscar apoyo profesional. Estas acciones no solo buscan asegurar la autonomía, sino también transformar el envejecimiento en una etapa positiva y enriquecedora de la vida.
En definitiva, encarar el envejecimiento con una actitud positiva y abierta a las experiencias que ofrece cada etapa vital es esencial. Aceptar los cambios y centrarse en las oportunidades disponibles puede llevar a un envejecimiento no solo activo, sino también pleno y satisfactorio.