A medida que las tensiones entre Rusia y Europa se intensifican, el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha dejado a los países europeos en una posición precaria, al estrechar lazos con Rusia y cuestionar la protección de la OTAN. Mientras Narva, Estonia, imagina un futuro sombrío con la posible incursión militar rusa, el continente reflexiona sobre su preparación defensiva. Los líderes europeos, conscientes del alejamiento de EEUU, abogan por un rearmamento que fortalezca la independencia militar de Europa, movilizando recursos y adoptando medidas audaces como el entrenamiento militar obligatorio en Polonia. Paralelamente, el debate sobre la seguridad nuclear y la creación de una mayor cohesión entre los 27 ejércitos nacionales toma relevancia. Sin embargo, la falta de un liderazgo político unificado y el tiempo necesario para fortalecer sus estructuras defensivas plantean dificultades significativas. Aunque el desafío es monumental, algunos ven en estas adversidades una oportunidad para forjar una Europa más unida y autónoma en su defensa.
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