A medida que la inteligencia artificial (IA) penetra más profundamente en la infraestructura tecnológica global, el impacto en el consumo energético se hace evidente. Google, uno de los líderes en innovación tecnológica, ha experimentado un incremento del 37 % en su consumo eléctrico para el año 2025, según su reciente informe ambiental. Este aumento es el más alto registrado en un solo año hasta la fecha y destaca una creciente preocupación entre los gigantes tecnológicos: mientras la demanda de IA sigue su auge, también lo hace la necesidad de más centros de datos, chips avanzados, sistemas de refrigeración y, por ende, de energía.
Este notable aumento se produce en un momento complejo para la industria de la tecnología, que intenta equilibrar su expansión con compromisos ambientales cada vez más rigurosos. Google ha proclamado que, por noveno año consecutivo, igualó el 100 % de su consumo eléctrico anual mediante la compra de energía renovable. Sin embargo, la compañía reconoce el desafío subyacente: la infraestructura para IA se está desarrollando a un ritmo que supera la descarbonización de las redes eléctricas.
El crecimiento del consumo eléctrico de Google, que totaliza un incremento de más del 250 % desde 2019, se debe en gran parte a la creciente demanda de capacidad de cómputo necesaria para el entrenamiento de modelos de IA, tales como Gemini, y para apoyar servicios cloud. En un intento por mitigar este impacto, Google ha firmado contratos para adquirir más de 12 GW de nueva energía limpia en 2025, la mayor cifra anual en su historial, sumando cerca de 35 GW desde 2010.
Además de energía, Google también enfrenta desafíos en términos de consumo de agua. En 2025, su consumo ascendió a 10.900 millones de galones, con un aumento del 34 % respecto al año anterior, mientras que logró reponer cerca de 7.700 millones de galones a través de proyectos de gestión hídrica. Este esfuerzo es parte de su objetivo de ser “positiva en agua” para 2030, lo que implica reponer más agua de la que consume.
El informe también resalta otro punto crucial: el impacto de la IA en la cadena de suministro de Google, cuyas emisiones crecieron un 25 %. Este incremento se atribuye a la infraestructura expandida de IA y a las actividades de sus proveedores en Asia-Pacífico, donde la energía libre de carbono es limitada.
En respuesta a estos desafíos, Google ha adoptado una serie de estrategias, desde acuerdos a largo plazo para obtener energía nuclear, hidráulica y de fusión, hasta la integración de capacidad de respuesta de demanda en sus operaciones en EE.UU. Estas tácticas no sólo buscan asegurar el suministro energético, sino también proporcionar flexibilidad para reducir cargas durante períodos de alta demanda en la red.
Sin embargo, el desafío permanece. La IA exige una infraestructura que no sólo consume cantidades significativas de energía y agua, sino que depende de una cadena de suministro internacional que aún no está alineada con los objetivos de sostenibilidad. A medida que Google y otras grandes compañías tecnológicas continúan este viaje, la sostenibilidad de la IA no se medirá con simples métricas de eficiencia o compras de energía renovable. Implicará una coordinación compleja que abarca desde la ubicación y operación de centros de datos hasta la gestión de los insumos necesarios para su construcción y operación.
La realidad es que la IA no es simplemente un avance en software; representa un cambio en las demandas de energía, agua y recursos materiales a escala global, sugiriendo que el camino hacia una tecnología verdaderamente sostenible será un desafío continuo que requerirá soluciones innovadoras y una colaboración sin precedentes en la industria.







