La jubilación, lejos de ser un periodo de descanso, puede desencadenar un duelo psicológico en el adulto mayor debido a la pérdida silenciosa de autonomía e identidad. Al enfrentar la dependencia de otros, los mayores experimentan las fases del duelo: negación, cuando minimizan sus dificultades; ira, al frustrarse con su situación y entorno; negociación, intentando demostrar control; depresión, sintiendo inutilidad y aislamiento; y finalmente, aceptación, que permite recibir ayuda con dignidad. Detrás de esta resistencia está la ruptura de identidad y control, agravada por la percepción de ser una carga. Ayudar a un jubilado sin herir su dignidad requiere colaboración, preservando su toma de decisiones y justificando la ayuda desde un enfoque externo, promoviendo la colaboración en lugar del cuidado.
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