Una generación en España y Europa, nacida entre los años 50 y 60, enfrentó la imposibilidad de estudiar debido a las circunstancias económicas y sociales de la época. La escolarización secundaria no era accesible para la mayoría, convirtiéndose en un privilegio económico que pocas familias podían permitirse. La necesidad económica obligaba a los jóvenes a trabajar desde edades tempranas, mientras que las mujeres enfrentaban restricciones legales para trabajar sin el consentimiento de un marido, dejando la vocación profesional fuera de su alcance. La resiliencia desarrollada por esta generación fue una respuesta a la adversidad, pero no debe ser idealizada como resultado voluntario. La psicología destaca que la autonomía no es equivalente al abandono, y la resiliencia no solo surge de la adversidad, sino del contexto familiar y la seguridad emocional. Esta realidad sintetiza una época donde madurar rápidamente no era una elección, sino una imposición.
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