El verano en Europa ha sido especialmente abrasador, con Francia experimentando una ola de calor sin precedentes entre junio y julio, alcanzando temperaturas extremas como 44,3 °C en Pissos y provocando cerca de 5.800 muertes. La situación ha desatado una creciente demanda de aire acondicionado en un país donde históricamente ha sido criticado por su impacto ambiental. Se registró una rotura de stock debido al aumento masivo en la compra de estos aparatos, reflejando un cambio en la percepción sobre su uso. Paralelamente, París ha implementado una extensa red de refrigeración urbana para mitigar el calor, usando el río Sena para enfriar mediante un ingenioso sistema de intercambio térmico, con planes de expandirse significativamente para 2042 y así enfrentar futuros episodios climáticos extremos.
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