Pedro Sánchez ha intensificado el conflicto diplomático con Italia al imponer controles fronterizos a los viajeros procedentes de ese país a través de puertos y aeropuertos. Esta medida surge como respuesta a la suspensión del Acuerdo de Schengen por parte de Italia, que lideró una ofensiva diplomática contra el Gobierno español tras la reciente crisis migratoria en Ceuta. Italia, junto con 22 líderes europeos, criticó la gestión española de la situación, con 72,000 inmigrantes ilegales ingresando en pocas horas. A pesar del ultimátum español para revertir la suspensión, Roma se ha mantenido firme en su decisión. La acción de Sánchez ha afectado significativamente el flujo de viajeros, que hasta junio superó los 11 millones por vía aérea entre ambos países, y ha sido interpretada como un movimiento estratégico más orientado a sus disputas personales con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que a un manejo eficaz de la crisis migratoria.
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