La tradición familiar del 24 de diciembre en el hogar de una familia republicana en esencia, pero no en práctica, se centra alrededor del discurso del Rey, considerado un ritual reverencial antes de la cena de Nochebuena. Sin brindis ni satisfacciones antes de su conclusión, el monarca habla sobre temas como la unidad, la concordia y el progreso, en un mensaje que se percibe vacío y predecible. Aunque hay un respeto crítico por la figura real y sus funciones, hay un deseo de un discurso más auténtico y humano, similar al pronunciado brevemente por el monarca británico, y un anhelo de que el mensaje navideño se aleje del guion previsible. Esta noche, marcada por una mezcla de nostalgia y reflexión, contrasta con fantasías de discursos más directos y sinceros. A pesar de las críticas, la autora asume que esta tradición se repetirá, con su columna lista para el próximo año.
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