En un entorno laboral cada vez más exigente, la salud emocional de los empleados se enfrenta a desafíos que pueden afectar tanto su bienestar personal como su desempeño profesional. Situaciones personales difíciles, como la enfermedad de un ser querido, rupturas sentimentales o problemas económicos, son comunes en la vida de los trabajadores y, sin embargo, a menudo quedan ocultas tras una fachada de normalidad conocida como supresión emocional. Este fenómeno, que implica retener y no expresar las emociones, puede tener consecuencias perjudiciales para quienes lo practican, tanto en el ámbito psicológico como en el desempeño laboral.
La supresión emocional se convierte así en una barrera al dificultar una comunicación abierta con los superiores, quienes muchas veces permanecen ajenos a las necesidades reales de sus subordinados. Esta situación es preocupante si se considera que, según una encuesta reciente, más del 54% de los trabajadores españoles teme que admitir problemas de salud mental podría poner en peligro sus expectativas de carrera. Este temor, sumado a la percepción de escaso apoyo entre colegas, incrementa el bagaje emocional que los afectados intentan ocultar.
Para abordar esta problemática y sus posibles repercusiones, la directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España, Amira Bueno, subraya la importancia de un ambiente laboral comprensivo. «Nadie debería sentir que tiene que dejar sus preocupaciones personales en la puerta de la oficina para demostrar su profesionalidad», comenta Bueno. Es vital que los líderes promuevan un entorno donde la confianza y la comprensión permitan a los empleados expresar sus necesidades sin miedo al juicio.
Con el objetivo de mitigar los efectos adversos de la supresión emocional, los expertos sugieren algunas medidas dirigidas tanto a líderes como a equipos de trabajo. En primer lugar, es fundamental entender que la profesionalidad y la estabilidad emocional no son sinónimos, y que un desempeño adecuado no requiere de una actitud perpetuamente positiva. Además, las empresas deben mostrar interés en las necesidades de sus empleados sin obligarlos a compartir detalles íntimos de sus problemas personales.
La interpretación de cambios de comportamiento como un déficit de compromiso es otro aspecto a reconsiderar, ya que puede responder a situaciones del ámbito personal. Asimismo, el suministro de recursos para el bienestar emocional y el apoyo por vías adicionales a las relaciones jerárquicas directas pueden ofrecer guías valiosas.
Finalmente, fomentar la flexibilidad en tareas y horarios, y permitir ajustes temporales en función de las necesidades individuales sin exigir explicaciones constantes, contribuye a un ambiente laboral más saludable y comprensivo.
Crear un entorno donde los empleados puedan ser transparentes sobre su bienestar mental no solo favorece su salud emocional, sino que también mejora la eficacia organizativa. La empatía y el entendimiento son cruciales para fortalecer relaciones laborales y construir un espacio de trabajo más inclusivo y colaborativo.






