En un movimiento estratégico, Estados Unidos ha incrementado en un 20% los aranceles a las exportaciones procedentes de China. Este aumento se desglosa en un 10% como medida «recíproca» frente a las políticas comerciales del país asiático, mientras que el otro 10% se impone como respuesta a la creciente preocupación por el tráfico de fentanilo, una problemática que ha afectado gravemente a la salud pública estadounidense. Esta decisión se enmarca en un contexto de tensiones económicas y diplomáticas entre ambas naciones, evidenciando el complejo entramado de intereses que influye en las relaciones comerciales internacionales.
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