En Marruecos, el entorno del rey Mohamed VI vive una disputa interna no reconocida oficialmente. Se trata de una competición silenciosa entre clanes y servicios de inteligencia debido a su debilitada salud y a la posible sucesión entre el príncipe heredero Moulay Hassan y su tío Moulay Rachid. El monarca, aquejado de problemas crónicos, se ha mantenido alejado de la vida pública, lo que ha intensificado las luchas por el control futuro. Esta situación coincide con la controversia de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, interpretada como un acto de presión del Gobierno marroquí. Estas tensiones subrayan las reivindicaciones territoriales de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, usadas como distracción interna y potenciadas por la incertidumbre sucesoria. La lucha de poder se desarrolla en un contexto de invisibilidad del rey actual y de estrategias de presión diplomática, exacerbadas por la fragilidad de la estabilidad monárquica.
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