La reciente decisión de renombrar el Golfo de México como Golfo de América por parte del expresidente Donald Trump y su adopción temporal por Google Maps ha desatado una controversia internacional, destacando el poder y la falta de neutralidad de los mapas digitales. En respuesta, México, bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, insistió en el respeto a los acuerdos internacionales sobre nomenclatura. Esta situación resalta la importancia de cartografías alternativas y colaborativas como las de Geochicas, una red de mujeres que aboga por una representación geográfica inclusiva y feminista, enfocándose en cómo los mapas, históricamente controlados por élites masculinas, pueden reflejar y perpetuar desigualdades de género. Selene Yang, cofundadora de Geochicas, enfatiza la necesidad de incluir múltiples narrativas y conocimiento local en mapas digitales, bajo un enfoque colaborativo que desafía estructuras de poder tradicionales y se esfuerza por visibilizar temas críticos, como la violencia de género. A través de proyectos como OpenStreetMap, estas iniciativas buscan democratizar la cartografía, reconociendo su potencial para mejorar la accesibilidad y seguridad de las mujeres en América Latina, una región duramente impactada por los feminicidios.
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